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"SER MUJER, MADRE Y CERVECERA… Y NO MORIR EN EL INTENTO"

Hace 6 o 7 años atrás, por el 2010, compré mi primer equipo homebrew de 20L pues un par de meses antes me había entrado el bichito de hacer cerveza. No sabía nada del tema, del rubro, de estilos, historia o procesos; solo tenía un poco de información de la universidad, por ramos que tomé, como Fermentación o Cereales durante mi carrera, Ingeniería de Alimentos. Había ido un par de veces al Oktoberfest de Malloco pero tampoco tuve muy buenas experiencias, sin embargo eso no me desanimó ni me hizo arrepentir de iniciar este camino.


Un tiempo después, con el subsidio al empleo joven compré mi primer equipo que constaba solo de una olla de 40L sin fondo falso (no me alcanzó el presupuesto para eso) y un fermentador de 28L. Yo misma hice un serpentín de cobre de no más de 3 m de longitud y consideré los elementos básicos para controlar el proceso, implementos como termómetro, densímetro y probeta. Empecé usando una bolsa de gasa para macerar el grano.



Empecé comprando el paquete de recetas que vendían listo y comencé a cocinar así, con mucha incertidumbre, como caminando en la oscuridad. Mis rendimientos no superaban el 50%, cocinaba cada 3 o 4 meses, pues mi idea era ir afinando detalles y familiarizándome con el proceso. No conocía a nadie del rubro ni gente que gustara de la cerveza artesanal o que cocinara cerveza, por lo que no tenía mucha retroalimentación técnica, solo la de mis cercanos.


Desde entonces hasta ahora mi educación cervecera ha sido principalmente autodidacta. Empecé leyendo sobre procesos y consejos para homebrewers en internet, la mayoría de ellos en páginas argentinas y, gracias a mi formación como Ingeniero de Alimentos, pude comprender el lenguaje técnico – químico de esas publicaciones.


Por ese tiempo, por temas de trabajo y personales, como cambios de casa, estuve aproximadamente un año sin cocinar. Cuando retomé, empecé a leer aún más y a diseñar mis propias recetas, aplicando mis nuevos conocimientos sobre estilos de cervezas.


Llegó el año 2014 y fue cuando participé en la 1ra Copa de Cerveceros Caseros organizada por el Bar Mourgues; allí felizmente gané Medalla de Plata con mi estilo Cream Ale y obtuve lo que más me interesaba y necesitaba, la retroalimentación técnica, pues mi cerveza tenía perfiles que no me gustaban pero no tenía idea cómo se originaban y mucho menos cómo mejorarlo.


Lo mejor que pasó en esa instancia, y que recomiendo muchísimo, fue conocer gente que también cocinaba, así es como comencé a hacer cocciones colaborativas y a aprender “in situ” otras técnicas, consejos y/o mañas de otros cerveceros, en resumen, a conocer a otros que están en el mismo camino que tú. Este un rubro muy profundo en cuanto a información y tiempo involucrado y no todos lo saben entender, por lo que conocer gente en tú mismo camino reconforta y motiva.


Ese mismo año ingresé a grupos de cerveceros en redes sociales como Facebook, a conocer más el movimiento que se vivía en Chile, y a saber de experiencias y consejos de otros cerveceros, tanto homebrewers como comerciales. Seguí cocinando y experimentando. A mitad de año agrandé mi equipo a 60L y le incluí el fondo falso. Continué con una sola olla y fermentadores plásticos de tambor.

Aunque físicamente se hacía más pesado el trabajo cada vez era más entretenido y alentador.



En el 2015, con más cocciones en el cuerpo y volviendo del reposo obligado de mi embarazo, me aventuré a cocinar con un amigo (Diego Salvo) - repito, es muy positivo hacer cocciones colaborativas – y con él formulamos recetas y participamos en la Copa para Cerveceros Caseros organizada por Minicervecería. Nuevamente nos inscribimos motivados por la retroalimentación y ganamos Medalla de Oro y Mejor Cerveza del certamen con una -no esperada- Brown Ale y además Medalla de Bronce con una Oatmeal Stout!... Felices.


Posteriormente empecé a tomar diversos cursos y charlas como las del “Beer Day” y de la “Academia Cervecera de Análisis Sensorial”; me uní también a Chilebruers quienes hacen una gran labor educativa. Entre más conoces, más te das cuenta que no sabes.


Por temas de espacio dejé de cocinar en mi enana cocina del departamento (el tema de espacio es siempre complicado para muchos homebrewers), y unimos fuerzas con los chicos de Kafka, quienes, juntos pero no revueltos, me abrieron las puertas de su casa y empezamos a ayudarnos mutuamente.


Desde ahí, con el título de madre de una nena, partía con mi hija en el portabebé a la espalda, para seguir con éste cada vez menos hobby y cada vez más oficio de tiempo completo. A finales del 2015 dejé mi empleo definitivamente, apoyada por mi pareja, quién lleva la carga financiera del hogar hasta que este sueño me dé para sobrevivir.


Poco después me formalicé en el SII; en búsqueda de legalizar mi emprendimiento comencé con el “suplicio” que muchos experimentan, y es el desconocimiento sobre el rubro de la Cerveza Artesanal por parte de las municipalidades e incluso del SEREMI. Este es un tema agotador y desalentador. Sin miedo seguí en esto, sabiendo que no era la única que pasaba por ello.


Seguí apuntando por experimentar recetas, hasta el día de hoy, sigo en la búsqueda de una identidad, de generar una imagen (gracias a mi amigo diseñador Black), sigo invirtiendo lo ganado en más “juguetes cerveceros” y en mejoras para mis procesos con el objetivo de aumentar la calidad del producto final.


Asistir a jornadas de catas guiadas me ha ayudado a conocer más sobre la inmensidad de estilos existentes y cómo los exponen las diferentes marcas. El mayor aprendizaje lo dan la práctica, la experiencia de otros y (no tan lamentablemente) probar mucho.


Pienso que la participación en Competencias/Copas siempre es buena cuando la búsqueda es la retroalimentación técnica y no la competencia en sí, aunque no lo crean, esa ha sido siempre mi motivación. Sin embargo he seguido teniendo muy buenos resultados y reconocimientos, como la Mención Honrosa con el estilo Oatmeal Stout en 2015, la Mención Honrosa con la Smoked Beer Specialty en 2017, ambas en la Copa Garage UC y también la reciente Medalla de Plata en la Copa Latinoamericana de Cervezas Artesanales en Cusco, Perú 2017, con la Smoked Beer Specialty. Me queda claro que estos reconocimientos llegarán solos si te enfocas en hacer las cosas bien, es el resultado de la búsqueda de calidad.

Aún falta mucho camino por recorrer, cosas por mejorar, mantener un estándar entre un batch y otro, disminuir defectos, etc… siento que voy en el camino correcto y que cada mejora (control de pH y Temperatura, respeto de tiempos, uso de filtros para el agua, uso correcto de químicos, mucha lectura, etc) influye en el resultado, pues todo apunta a considerar y tratar a la Cerveza como lo que realmente es, un Ser Vivo que evoluciona con el tiempo.


Por Verónica Carrasco Farías

Cerveza Vericcio. La birra del gatito - Chilebruers

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